José María Mayorga ya empieza a imaginar su llegada a Morella 🏰.

Él mismo confiesa que sería imposible saber cuándo comenzó a escribir. Compuso cuentos imposibles e incluso versos adolescentes hasta que encontró su verdadera pasión como creativo publicitario 💡. Sin embargo, ahora quería ir un pasito más allá y atreverse con relatos más largos.
Adora la escritura sencilla ✍️, le gusta pensar que todavía está aprendiendo y que trabaja mucho para conseguir que las cosas parezcan sencillas.
Su obra Carapús no trata tanto de novela negra sino de mirar de frente aquello que preferimos no ver 🫣. Mayorga se adentra en una historia donde la memoria, la culpa y las sombras tienen más peso del que nos gustaría.
¿Quien es José María Mayorga?.- Nacido en Ávila, se considera abulense por sentimiento y madrileño por adopción. Licenciado en Ciencias Políticas y en Publicidad, ha desarrollado toda su carrera profesional en agencias de publicidad nacionales y multinacionales como director creativo y director creativo ejecutivo. Apasionado de la literatura y escritura. Ha escrito dos libros infantiles. Muy pronto verá la luz su segunda novela
La novela con la que es finalista a este 10º Tuber Melanosporum es «Carapús» publicada por Aliar Ediciones.

Vicente Marín es un comisario de policía fracasado y solitario. Su vida cambia al empezar a recibir una serie de cartas anónimas. En ellas, un hombre con alzhéimer apodado Carapús, asegura haber ajustado cuentas con ciertas personas antes de que la enfermedad borre para siempre su memoria. El comisario desconoce por qué Carapús le confiesa sus crímenes, mientras va desarrollándose entre ellos una extraña relación de dependencia psicológica. Cuando descubre la razón, su pasado y su presente estallan por los aires.
Estas sus respuestas a las preguntas de Morella Negra:
- ¿Recuerdas qué libro o motivo fue el que hizo que desearas convertirte en escritor?
Yo escribo desde pequeño. Primero cuentos en los que planteaba reflexiones que para mí escondían grandes misterios y que enviaba a concursos. No gané ninguno. Nunca. Ni una mención. Ni una palabra de ánimo. Ni una caricia en el lomo. Imagino que escribir sobre si los papas hacen caca como el resto de los humanos o sobre gusanos que se niegan a comer cadáveres y hacen una huelga de hambre, no eran temas muy estimulantes. Después, con la adolescencia, me pasé a la poesía. Pensé que, leyendo a Cernuda, a Salinas o a Bécquer y escribiendo versos sin rima (era demasiado vago para, encima, hacer que rimasen) podría ligar más. No funcionó. Me quisieron algunas chicas, pero como amigo. Luego, con mi trabajo como creativo publicitario encontré mi vocación y pude hacer realmente lo que quería: tener ideas y escribirlas en historias cortas, de treinta segundos. Hace cinco años más o menos, sentí que necesitaba contar historias más largas y me propuse un reto personal: escribir una novela a partir de una experiencia personal (sería más preciso si lo llamara tara) y demostrarme que era capaz de pasar de las diez páginas a las trescientas.
- ¿Por qué escribir novela negra: necesidad inconfesable, morbo irresistible, desafío existencial, vivir los crímenes sin sufrir las consecuencias?
No me considero escritor de novela negra. Tampoco lector de novela negra.
Es verdad que he visto mucho cine negro en mi juventud y quizá eso ha sido un germen que ha permanecido ahí, engordando. En realidad, soy extraordinariamente ecléctico y en mi mesilla encontrarías ahora mismo libros muy distintos. Novelas negras como Subsuelo, de Marcelo Luján, que estoy releyendo; Los girasoles negros, de Javier Martínez Pallarés; O Perras de reserva, de Dahlia de la Cerda. Pero también Celo, de Sabrina Urraca o Diario de Jules Renard. Es decir, anarquía total. Puedo estar meses enganchado a Richard Ford, a Shakespeare o a Auster, o empezar un libro, y luego otro, y luego otro y dejarlos porque no llegan en el momento propicio y me aburren. Y aburrir al lector es una línea roja. Está prohibido. Esto es algo que yo me tomo muy en serio. Si cuando leo un fragmento o una página que he escrito y sospecho que es “bostezable”, borro inmediatamente y empiezo de cero. En cuanto a Carapús, yo no la afronté con la idea premeditada de escribir una novela negra. Yo quería contar una historia, aunque es verdad que la historia que quería contar tiene mucha oscuridad. Lo queramos o no, la oscuridad está muy presente en todo. En el fondo la vida es una gran novela negra: empieza en la oscuridad del útero y termina en la de un ataúd. Y entre medias, un breve instante con fogonazos de luz que cuando te quieres dar cuenta, lo mismo son una de esas puñeteras balizas de la DGT. Por supuesto, como autor, me gusta la idea de que en la literatura puedas hacer cosas que en la vida normal están mal vistas; por ejemplo, cargarse a alguien. Esas venganzas personales que te brinda la escritura son un auténtico regalo que compensa tanto esfuerzo.
- ¿Cómo es tu rutina para escribir y cómo lo compatibilizas con el resto de tu vida?
Soy madrugador. Eso significa que soy un muermo a partir de las once de la noche. Me gusta escribir por las mañanas, antes de ir a la oficina o teletrabajar. Y luego, en función de los proyectos profesionales que tenga, le saco algún momento más al día (cuando puedo, porque tengo un perro que necesita largos paseos, momentos que aprovecho para pensar y escribir mentalmente). Además, ahora que mis hijos son mayores y no tengo que llevarlos a baloncesto, futbol, hip hop, karate, cocina, tai-chi, natación, flamenco, cerámica y todas esas actividades extraescolares que nos quitan la vida, puedo escribir los fines de semana. De hecho, disfruto mucho escribiendo los fines de semana, casi tanto como no hacer absolutamente nada.
- ¿Que frase o cita podría definirte a ti o a tu libro?
Quizá dos reflexiones con las que me siento cómodo es que «me gusta pensar que todavía estoy aprendiendo y que trabajo mucho para que las cosas parezcan sencillas. Adoro la escritura sencilla, la que no pretende demostrar nada».
Para definir el libro, me quedo con el epígrafe de Singleton Lewis que aparece al principio: «Si no tienes memoria, te creerás inocente».
Debo aclarar que Singleton Lewis es una invención mía ya que no encontré una frase que me gustara de Séneca, Churchill o Nietzsche (creo que este morro que le echo y esta necesidad de divertirme con pequeñas travesuras también me define bastante)
- ¿Qué pensaste al ser seleccionado como candidato al premio “Tuber Melanosporum” y que significa para ti estar en un festival como Morella Negra Com la Trufa?
Obviando la sorpresa inicial y la enorme alegría, lo primero que pensé fue que debía releerme Carapús, porque tengo una memoria horrible y un miedo atroz a hacer el ridículo (no quedaría bien no recordar los nombres de mis protagonistas, y soy muy capaz de no hacerlo). Pensé que empezaba a haber gente que me considera escritor (a mí aun me cuesta definirme así). Pensé en mi familia y en mis amigos, porque en el fondo uno escribe para que lo quieran más. Pensé en mis compañeros del taller de escritura de la Escuela de Escritores, porque ellos me ayudaron mucho con sus opiniones. Pensé que podrían abrirse más puertas para un autor que, a lo mejor, por edad, no es muy sexy para el mercado. Por otro lado, estar en un festival como Morella Negra com la Trufa es un regalo, una de esas experiencias irrepetibles de la que quiero ser plenamente consciente. Y ahora debo autoconvencerme para verlo como un “me lo merezco”.
